dedicado al 14 de febrero: “Oscuridad”

Les dejo un relato.

Pero piensen: ¿Es necesario decidirse un dia para remediar cosas?

No es necesario festejar sólo un día.

Mi sillón naranja. ¿Cuánto tiempo no he pasado planeando y pensando cosas en él?. Ahora me hizo planear todo para hoy. Estoy entusiasmado.

Ojala hoy se arreglen las cosas. Qué mejor día que hoy para que se arreglen. Me pasé toda la mañana planeándolo, no hice otra cosa mas que organizar todo, que estuviera perfecto. El arreglo de flores acaba de llegar, aún me huelen los dedos a las rosas que deje esparcidas en la cama. Quisiera que todo éste tiempo hubiera sido distinto, creo que nos alejamos mucho, creo que podríamos estar bien pero, cada quien, en sus ocupaciones, no dejamos espacio para el otro. Más de una vez nuestros amigos nos han preguntado qué hacemos juntos, ella no me lo dice, pero basta verla para saber que ya no es lo mismo. Ya no esta enamorada de mí como antes. Creo que hasta me ha llegado a odiar.

Hoy me di cuenta de que es el mejor día para solucionarlo, para saldar deudas, para platicarlo, para convencerla de que he estado pensando mucho en ella, de que aún la deseo, de que aun la amo. Estoy seguro de que ella ya no me escuchará fácilmente, por eso tengo lista la casa para llamar su atención.

La cena esta lista, a ella le gustaba el salmón, espero que aún le guste. La champagne esta fría, al igual que mis pies.

Creo que tal vez le moleste un poco, nunca hice nada así por ella, las velas por toda la casa tal vez le molesten. Es tan malo haber pasado por alto esos detalles. No sé si la bañera llena de aceites y perfumes la vayamos a usar. No sé qué ocurre con ella últimamente.

Miro a la ventana buscando algo que me diga que no soy tan mal amante. Algo que me diga que no soy insensible. El café esta hirviendo y aun así no me quema la boca. Creo que ahí está mi respuesta.

Recuerdo cuando nos conocimos, ella aun no terminaba la carrera, yo ya trabajaba para el despacho. Siempre quise estar con alguien que hubiera compartido la misma edad y la misma juventud. Siempre desee estar con alguien que recordara al mismo tiempo que yo los buenos años. Quise a alguien que hubiera estado conmigo cuando tocaba con la banda. Quería a alguien que hubiese viajado conmigo por la ciudad. Yo deseaba que alguien hubiera estado conmigo en la carrera, en las fiestas que iba, que hubiese estado ahí cuando fumaba marihuana, yo quería casarme con esa persona. Esa persona que conociera de mi lo que soy y no lo que hago para sobrevivir.

Me casé con ella por no querer estar solo, por no dejar pasar más tiempo en encontrar a ése alguien. Por querer solidificarme en una relación. Por no dejar que el ultimo tren se me fuera.

¿Pero qué demonios? Eso ya no importa, yo decidí llegar hasta aquí, yo decidí seguir con esto. Pero, ¿Por qué tiene que ser así? No hay razón.

A partir de hoy compartiré con ella todo. No solo el dinero y los lujos que ya de por si le doy. De hoy en adelante saldré con ella a caminar diario, no tiene caso seguir perdiendo tiempo valioso, no tiene caso seguir lamentando lo que quise y estarme perdiendo de lo genial que podría ser nuestra relación. Aún podemos dejar los autos y viajar con ella en el metro como quise que fuera, sentarnos en el suelo de los vagones, mojarnos en la lluvia, ir a bellas artes, al zócalo, salir de noche y llegar casi de mañana como siempre quise que fuera. ¿Por que no? Hacer irreverencias y disturbios en las fiestas. Ja! quizás aun quiera “fumar” conmigo.

La necesito y no puedo perderla. Ya no.

Ella llegará en una media hora. Espero poder conquistarla de nuevo. No hay nada que perder, digo, ya estamos casados, ¿Qué podría salir mal?

Es mejor no estresarme por el momento. Es mejor que las palabras me fluyan conforme las piense. Siempre planeo algo qué decirle y nunca le digo nada.

Leeré un poco más en lo que llega, las novelas siempre me distraen. ¿Donde me quede? Ha si! Página 162:

“… y se mantenía fija en sus pensamientos, en esas palabras que le decían seguir adelante. Siempre tuvo la idea de que había que ser feliz a costa de lo que fuera. Y en su mente resonaban una y otra vez esas palabras que Gerardo el había dicho unas horas antes, ‘lo haremos juntos, te amo’, y tocando un nervio en su cabeza que la hacia estremecerse de alegría con cada eco de la frase.

Ella sabía que era demasiado arriesgado, que era un crimen y que se trataba de la persona a la que solía amar. Eso ya no importaba, Gerardo lo valía. Se mantenía inmersa en sus deseos para no dar marcha a atrás al plan. ‘Gerardo no se decepcionará de mi‘ se repetía a ella misma a cada segundo. Deseaba que hubiera sido como él, más atento, más cariñoso. En fin.

Era lo mejor que podría pasarle. Había mucha gente que odiaba a su marido, así que las indagatorias serán muy extensas y si todo marchaba en cuanto al plan, entonces los seguros de vida, la casa, los autos y cuentas bancarias pasarían a sus manos, suficiente para vivir feliz. Pero aún mejor: vivir con Gerardo. Se acarició la cara al pensar en sus manos rozando sus labios, dándole toda esa atención y cariño que nunca obtuvo de su esposo. Y un susurro le llenaba el inconsciente: ‘¿Para que seguir sufriendo?’

El olor del cuero de los guantes negros la despertó de su soliloquio. Abrió la guantera del auto, sacó un arma, la vieja Veretta que le salvara la vida a su padre en el ejército ahora le sirve para desencadenarse de su suplicio.

Salió del auto y dobló la esquina. Se acerco la puerta de la casa, sacó las llaves y sin hacer ruido abrió la puerta. Todo estaba oscuro y le pareció extraño. Tal vez esperaba a alguien más. Si, seguro el muy imbécil esperaba a alguien. Además huele a salmón. Y hay flores por doquier. Nunca haría algo así por mí.

Casi agachada subió las escaleras, la puerta del estudio daba hacia ellas así que tuvo cautela de que no estuviera abierta. Se acerco lentamente, giró el picaporte, casi de puntas cruzó la puerta, y ahí estaba, como siempre, sentado en su sillón naranja, de frente a la ventana, leyendo y creyendo que nada importa más que él. Una más de sus novelas de seguro lo ha de tener enbobado.

Se acerco lentamente, apunto el cañón de la pistola a su cabeza. Mientras en su mente resonaban las palabras de Gerardo ‘Lo haremos juntos, Te Amo’. Jaló el gatillo.”

[oscuridad]

Una respuesta

  1. Esta increible…

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